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Trato desigual de la Comunidad en el cerramiento de terrazas

El trato desigual de la Comunidad en el cerramiento de terrazas vulnera el principio constitucional de no discriminación entre comuneros.

Trato desigual de la Comunidad en el cerramiento de terrazasUn comunero no puede ampararse en una supuesta autorización de la Comunidad ni siquiera tácita, por consentimiento de cerramiento de terrazas anteriores.  En estos supuestos, lo que le es exigible al propietario afectado es solicitar la autorización de la Junta de propietarios invocando la existencia de obras iguales a las que pretende realizar él y en caso de no aceptación, podrá impugnar el acuerdo en la vía judicial para que se le reconozca que ha existido un trato desigual o discriminatorio frente a los otros propietarios a los que se les ha consentido por la Comunidad la ejecución de tales obras.

El anterior planteamiento se suele dar con relativa frecuencia en las Comunidades de propietarios, donde un vecino realiza obras en sus elementos privativos (incorporación de terrazas a su vivienda, habitaciones en los áticos, cambio de ventanas, cerramientos, etc.) amparado exclusivamente en que otros vecinos han realizado previamente iguales modificaciones y sin contar con la autorización de la Junta de propietarios.

En un principio y tal como hemos expuesto el asunto, consideramos que el comunero que desea realizar dichas obras  no puede  ampararse en  la existencia de obras anteriores permitidas por la Comunidad,  debiendo de cumplirse los requisitos legales establecidos en la ley para llevar a cabo dichas obras, que no son otros que la solicitud previa y autorización de la Junta.

Dicho lo anterior, también hemos de significar que la jurisprudencia de los Tribunales no admite el trato desigual o discriminatorio de la Comunidad entre los comuneros sin justificación alguna. De ahí que si la Junta no autoriza el cerramiento de una terraza, y en el edificio existen idénticos cerramientos anteriores que sí han sido permitidos, debe de solicitarse del Juzgado mediante la correspondiente demanda la autorización para realizar dichas obras al amparo de que se le reconozca el derecho de igualdad frente a los otros propietarios.

Para que pueda hablarse de trato desigual es preciso que se acredite la existencia de obras o supuestos fácticos coincidentes en el edificio y que han sido tratados de diferente modo por la Comunidad, recayendo sobre el que alega el trato discriminatorio o desigual la prueba del agravio comparativo.

Los supuestos en los que la Comunidad reclama contra un comunero que demuela unas obras y en cambio tolera respecto de otros, constituyen indicios claros de la falta de voluntad clara y permanente de la Comunidad como tal, de conservar inalterados los elementos comunes afectados por las obras realizadas, de modo que no sería creíble que la demanda se dirija a defender la inalterabilidad de los elementos comunes por cuanto aún de prosperar la acción continuaría la alteración.

No puede considerarse no permitida determinada obra (generalmente cerramientos de terrazas privativas) cuando los demás comuneros, o la mayoría, ya la han ejecutado, porque la obra no tiende a alterar la configuración del edificio, sino a igualarla o a continuar la situación o a continuar la situación precedente.

Solicitar el derribo en estos casos significaría un trato desigual de la Comunidad en el cerramiento de terrazas, contrario al principio constitucional contenido en el art. 14 Constitución que impide aplicar a un comunero un trato distinto al seguido con otros, ni una desigualdad injustificada de trato entre los distintos comuneros.

 

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